«Llevamos toda la mañana con la centralita colapsada por más de cincuenta llamadas y la secretaría desbordada, pero los padres tienen todo el derecho a informarse y a valorar las distintas opciones». El director del Colegio Corazón de María, Simón Cortina, relataba así ayer cómo, hasta última hora de la mañana, muchas familias gijonesas apuraron el plazo de solicitud de centro educativo para sus hijos de tres años, que expiró con la semana lectiva.
Y, como el padre Cortina apuntaba, la tarea de mandarlos al colegio deseado no es sencilla porque, a juzgar por los datos recabados por EL COMERCIO, en total, alrededor de 150 familias se quedarán sin una plaza en el centro de su elección y deberán conformarse con los elegidos como segunda o tercera opción en el impreso de solicitud de admisión para el curso próximo.
Son muchos aquellos en los que la demanda supera a la oferta, incluido el Codema. Porque, aunque es el único concertado de línea cuatro (cuatro unidades en primer curso de Infantil que suponen un centenar de plazas), las peticiones siempre suman más que estudiantes pueden acoger en sus aulas.
En concreto, hay 110 solicitudes para 100 plazas. Y algo muy similar ocurre, año tras año, en la Inmaculada, donde su director, José Guerrero, confirmaba que la totalidad de las 75 plazas (seis de ellas, reservadas para alumnado con necesidades educativas especiales) ofertadas serán ocupadas sin problemas, mientras que 35 familias solicitantes tendrán que optar por otro centro distinto al que regentan los jesuitas.
Habrá, asimismo, lista de espera en otros centros de la red concertada como la Asunción (que registra 15 peticiones más que plazas), el colegio San Miguel, el de las Dominicas o el Virgen Reina, además de en el único colegio privado del municipio: La Corolla, donde hay diez peticiones más que puestos escolares.
En cuanto a los centros públicos, también hay varios en idéntica situación, empezando por el colegio Montevil, donde están «a tope», según reconocía ayer la propia Dirección del centro, donde se han registrado un centenar de solicitudes para apenas 75 plazas, y siguiendo por el Eduardo Martínez Torner (con 60 para 50), el Ramón de Campoamor (con la nueva adscripción de los pequeños de la Escuela Infantil El Bibio, con 32 para 25), el Atalía, el Antonio Machado o el Severo Ochoa.
Son justo los mismos puestos que tiene el gran colegio del centro, el Gaspar Melchor de Jovellanos, pero, en su caso, la demanda se ajusta bastante a la oferta, ya que las solicitudes registradas hasta ayer eran 70.
Nada que ver con el Honesto Batalón, según puntualizó el equipo directivo, donde la consejería les ha garantizado que «no habrá problemas» a pesar de las bajas cifras de matrícula, de manera que «se organizarán dos aulas de Infantil: una para los alumnos de tres años, que han cursado siete solicitudes, y otra para los de cuatro y cinco años».
A falta de conocer lo que pase con los colegios de la zona rural y con las escuelas infantiles, donde no cuadraban del todo las cuentas era en centros como Los Campos, donde se reconocían «un poco preocupados» a la luz del escaso número de peticiones registradas (apenas nueve para 35 plazas) y donde achacan el descenso al tirón de la concertada. O en el García Lorca (con sólo 20 para 50) y El Llano (con 27 también para medio centenar).
Y, mientras algunos confiaban en «todos los alumnos que las comisiones de escolarización tendrán ahora que reubicar» e, incluso, a los «estudiantes inmigrantes que llegan con el curso empezado», tampoco faltaron las quejas en medio del atragantón de la última hora. Era el caso del Noega, donde denunciaban: «Llevamos tres horas con el ordenador colgado, porque tenemos dos megas para todo un colegio. Con los medios que tenemos, sin ancho de banda, no se puede trabajar y las cosas salen adelante porque el personal viene fuera de su horario».
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