Aunque es de hace unos años, este artículo se difunde ahora porque replica la noticia anterior
Sin leer ni
escribir hasta los seis
La presión sobre los niños más pequeños está en cuestión
- Los docentes piden flexibilidad en una edad en la que importa más lo físico,
ético y social
J. A. AUNIÓN 29
OCT 2009
Básicamente esto es lo que dice una de las
conclusiones de un reciente estudio dirigido por el profesor de la Universidad
de Cambridge Robin Alexander, el mayor repaso hecho a la enseñanza primaria
británica en 40 años. Los expertos aseguran que cuatro y cinco años es muy
temprano para empezar a recibir una educación formal, estructurada en materias,
y reclaman una enseñanza que les ayude a construir sus destrezas sociales, su
lenguaje y su confianza a través de juegos, o simplemente hablando con los
niños. Todo ello, en lugar de primar el aprendizaje de la lectoescritura y los
números, como se ven obligados a hacer muchos docentes, presionados por la
necesidad de elevar el nivel educativo, dice el informe.
Es cierto que el sistema español y el británico son
distintos: ellos empiezan la escolarización obligatoria a los cinco años, en
lugar de a los seis, con una especie de preprimaria, y en España el segundo
ciclo de la educación infantil (tres, cuatro y cinco años) aún tiene mucho de juego
en su metodología. Pero a los expertos no les cuesta nada trasladar las ideas
del estudio británico al caso español, ya que aseguran que también existe esa
presión por engordar los contenidos en una educación infantil muy parecida a la
primaria, con una cierta división asimismo por áreas o materias y algún que
otro cambio de profesor al lo largo del día.
Están de acuerdo con esta idea la profesora de Sara,
Pilar Vara, y su compañera Marisa Cervigón. Son las docentes del último curso
de infantil del colegio Teresa de Calcuta y entre las dos suman 40 años de
experiencia docente en esta etapa.
¿Quién no está de acuerdo? Para empezar, parece que
quienes hacen las normativas, que introducen cada más contenidos (más
lectoescritura, más inglés, más tecnología). Y para continuar, la sociedad en
general, y los padres en particular. "Hay mucha fijación con el
aprendizaje de la lectoescritura", dice Cervigón. "Quieren que les
enseñemos a leer antes de tiempo. Van a querer que empiecen a andar a los seis
meses", ironiza Vara, y añade después: "¿Cómo van a aprender a hablar
si no hablan, se pasan el día rellenando fichas?".
Los expertos se quejan sistemáticamente de esa
presión social para mejorar el nivel educativo adelantando contenidos, como ya
señalaba el estudio de Cambridge. Pero ese afán puede llegar a convertirse en
algo contraproducente. "Puede socavar la confianza de los niños y se corre
el riesgo de dañar a largo plazo su aprendizaje", dice el informe. Y pone
el ejemplo de Finlandia, que siempre está en los primeros puestos del Informe
Pisa de la OCDE, que mide las destrezas lectoras matemáticas y científicas de
los chicos de 15 años. En el país nórdico, se centran en la educación social,
física y ética hasta los cinco años, y a los seis dedican un año a la transición
al colegio reglado de toda la vida.
Pero eso requiere un fuerte respaldo social. Y en
España, por el contrario, "hay una presión terrible y enorme para
adelantar la escuela en el sentido de las materias, de leer y escribir, pero
adelantar el aprendizaje formal, lejos de reforzar su voluntad de aprendizaje,
lo que hace es que se aburran sobremanera", dice la presidenta de la
asociación de maestros Rosa Sensat, Irene Balaguer. La portavoz de directores
de escuelas infantiles de la Comunidad de Madrid, Carmen Ferrera, con más de
tres décadas de experiencia, es todavía más tajante: "Mi opinión es que la
lectoescritura no debe empezar antes de los seis años. Todos los aprendizajes
que se fuercen van a estorbar en el futuro".
Incluso la idea, respaldada por muchas
investigaciones, de que la escolarización temprana puede evitar el fracaso
escolar se puede ir al garete si se les mete a los niños mucha presión, asegura
el catedrático de la Universidad de Sevilla Jesús Palacios. Para niños de
entornos más favorecidos socioeconómica y culturalmente no es crucial una
escolarización temprana, pero sí para otros de ambientes más desfavorecidos,
asegura el profesor: "Y es precisamente a estos niños a los que más les
puede perjudicar una escolarización excesiva".
Palacios se queja de que las clases de infantil
están, en general, muy basadas en las fichas, ésas de las que hablaba Pilar
Vara. Las fichas son el equivalente infantil del libro de texto, explica. Por
ejemplo, los niños identifican las partes de un árbol, las rellenan con
distintos colores, reproducen las letras... "Hay una paradoja en infantil:
los chavales están sentados en grupos, más o menos en círculos, pero raramente
trabajan en grupo, sino que, colocados así, hacen un trabajo estrictamente individual",
añade Palacios.
Por supuesto, la cuestión tiene unas raíces que
vienen de lejos. "Tenemos un problema que el sistema británico no tiene:
que la educación infantil fue creada como una extensión hacia abajo de la
primaria, aquí no existía el kindergarten, como en Alemania, ni la
maternal, como en Francia, sino que simplemente, en un momento dado se empezaba
la primaria. Así, el sistema ha ido creciendo de arriba abajo", dice el
catedrático.
Palacios, como Balaguer, Ferrera, Vara y Cervigón,
todos explican que la diversidad de los alumnos, tanto en su desarrollo como en
sus intereses, es tan distinta que parece una tontería intentar enseñar a todos
a escribir o los números. "Hay niños que sienten mucha curiosidad y
escriben su nombre. O los que descubren que en la calle o en los cuentos hay
letras. Estos arrancan de una manera espontánea. Pero hay niños que tienen
otros intereses", dice Balaguer
"Hay que ir a cosas mucho más lúdicas, con una
metodología que les ayude a un desarrollo global", continúa Ferrera. Pero
eso, ¿cómo se hace? La docente pone un ejemplo: arrancar la clase con una
asamblea: "Los niños en círculos empiezan a hablar con el profesor sobre
las cosas que les preocupan, que les interesan, sobre lo que han hecho... Si
resulta que es un día nublado, la maestra tiene que tener la habilidad para
proponerles juegos, dramatizaciones, o simplemente hablar sobre el tiempo y las
nubes".
"Es verdad que la educación infantil tiene que
ser más flexible, menos regulada que la primaria y la secundaria, no debe
existir sobre todo la presión, que es fruto de una presión social. Pero también
es verdad que hay escuelas y profesores que ya lo hacen así", asegura el
pedagogo y director de Cuadernos de Pedagogía, Jaume Carbonell.
Probablemente el colegio Teresa de Calcuta es un ejemplo. Al menos, Pilar Vara
y Marisa Cervigón insisten en ello. "Nosotras tratamos de ser muy
flexibles, por ejemplo, evitamos todo lo que podemos los textos", dice la
segunda.
La tarde para ellas ha sido más o menos tranquila.
Bueno, todo lo tranquila que puede ser alrededor de un montón de chavales de
cinco años. A las tres entraron todos en fila -"Vamos, todos, el
tren", colocó Pilar-, hasta llegar a la clase, decorada con un montón de
murales, de dibujos, un gran tótem de papel, más alto que todos los niños,
junto a la ventana. El paisaje continúa con una pizarra de toda la vida junto a
un reproductor de música y un ordenador.
En el otro extremo del ventanal, hay una mesa con un
bonsái y unos trozos de patata que, puestos en agua, empiezan a germinar. Allí
se sentarán algunos niños, lupas en mano, a investigar. Otros, en un grupo de
mesas (como explicaba Palacios, hay tres bloques de varias mesas unidas) harán
formas con la plastilina; otros pocos decorarán con series una espiral dibujada
en un papel que luego recortarán dejando el resultado como una serpentina;
"Yo hago sol-corazón, sol-corazón", dice una alumna con entusiasmo.
"Yo una muy difícil: cuadrado, triángulo, círculo", añade otro,
orgulloso. Los últimos se dedican a coger una tarjeta con una palabra escrita y
a descubrir, dando palmas, cuántos sonidos-sílabas tiene cada una. Durante
aproximadamente una hora harán por turnos todas las actividades.
Aunque alguno parece aburrirse un poco, otros se
ríen con entusiasmo, y hay una discusión, en general parecen pasarlo bien, si
bien da la impresión de que a alguno de ellos se le estuvieran acabando las
pilas. "Pasan aquí muchas horas. Los hay que llegan a las 7.30 a desayunar
y se van a las 18.00", dice Pilar. Y, aunque intentan efectivamente hacer
las cosas de otra manera, se quejan de esa falta de flexibilidad, por ejemplo,
que se tenga que romper la clase por narices para ir a inglés.
Hay muchos niveles de flexibilidad, y la normativa y
la organización de los centros lo permiten hasta cierto punto, y aunque existen
esos profesionales que intentan hacer las cosas de otra manera, se trata de un
porcentaje que no es "representativo de la mayoría y, en cualquier caso,
la sociedad no lo aplaude", asegura José Antonio Fernández Bravo, experto
en didáctica de las matemáticas y autor de varios trabajos sobre los contenidos
en la educación infantil. Fernández insiste en la presión social que imprimen
los padres: "Estamos obsesionados con subir el nivel y nos creemos que eso
consiste en adelantar contenidos, pero no lo es. Está demostrado, incluso
neurológicamente, que a esa edad lo más importante es fomentar el querer
aprender".
En educación hay muchas pescadillas que se muerden la
cola y ésta podría ser una de ellas. Entre informes Pisa que causan estupor y
enfado general porque la educación española no da los resultados que a todos
les gustarían, los profesores de primaria se quejan de que los niños llegan de
la infantil sin saber lo suficiente; los de secundaria se quejan de lo mismo
con respecto a la primaria y los de universidad, ídem de ídem. Pero, entre
quejas entrecruzadas y manoseadas, ¿y si resulta que el problema de raíz es que
nos estamos saltando pasos? ¿Y si resulta que a Sara se le ha perdido la
primavera de verdad?
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