El último caso ha ocurrido en Vigo. Ayer
mismo, la madre de un menor que lleva más de un mes sin ir al colegio tras ser
agredido por un compañero rechazó que lo ocurrido sea «un hecho aislado» y
criticó al centro educativo por la «desatención» que, a su juicio, ha tenido
con su hijo, que fue golpeado en los genitales. «Y son casos cada vez más
virulentos», defiende Javier Urra (Estella, Navarra, 1957), quien fue el
primer Defensor del Menor en España. Doctor en Psicología, ejerció
durante más de tres décadas como psicólogo forense en la Fiscalía del Tribunal
Superior de Madrid, además de impartir clases de Ética y Deontología en la
Universidad Complutense y ser autor de numerosa bibliografía sobre la materia.
-¿Qué es lo que caracteriza al acoso
escolar o 'bullying'?
-La continuidad y la vejación. Y, luego,
hay que tener en cuenta que, para un chaval en determinadas edades, para un
adolescente o preadolescente entre los 12 y los 15 años, el grupo de iguales es
esencial. Mucho más que su familia. Porque no tiene otros grupos de referencia.
Y sabe que, cada lunes, semana tras semana, empieza para él o ella un auténtico
martirio.
-¿El 'caso Jokin', el chaval que se quitó
la vida en Hondarribia en 2004, supuso un antes y un después a la hora de
visibilizar este problema tan sangrante?
-Sí. Ahora bien, ¿se puede asociar el acoso
al suicidio? Pues no es fácil demostrarlo judicialmente, porque, además, la
gente va a decir: tenía que haber otras características personales, tenía algún
otro problema, estaba deprimido. Pero, para un chico o una chica, el que otros
lo machaquen, lo masacren, lo vejen, se rían de él y lo ridiculicen, ¿puede
llegar a comprometer su futuro? La respuesta es sí. ¿Yo, Javier Urra, aseguro
que hay niños a los que la vida se les oscurece hasta tal punto que no tiene
razón de ser por el maltrato? La respuesta es sí. He conocido a chicos que me
han contado lo que les pasa y es brutal.
-¿A cuántos menores afecta?
-Se calcula que a un 3%. Todos los estudios
coinciden en esa cifra. Lo que ocurre es que el acoso ahora no tiene nada que
ver con mi época. Antes nos pegábamos, pero el grupo intentaba separar a los
que se pegaban, había una cierta ética. Hoy no. Hoy, muchas veces, hay dos chicos
que acosan, uno que sufre y el resto se pone a favor del agresor porque les da
miedo. No vaya a ser que les sacudan a ellos también. Así, la víctima se queda
absolutamente sola. ¿Y qué va a hacer? ¿Contárselo al profesor, a sus padres?
No, porque entonces es un chivato y todo se va a poner todavía más en su
contra. Se quedan sin enganches.
-¿Tienen los centros y el profesorado
recursos suficientes para luchar contra el maltrato?
-Hay que decir que un verdadero profesor
tiene que captar que hay acoso en su clase. Yo voy a colegios e institutos y,
en diez minutos, sé quién es el agresor y quién la víctima. El que te pone la
zancadilla para que te tropieces y el que se lleva todas las collejas. ¿Cómo es
posible que el docente no lo sepa? Ahora: el profesor tiene que ser valiente,
ser un líder e imponer su autoridad. Tiene que saber si hay maltrato y tiene
que ponerle freno. Tiene que trabajar con el grupo y educar a sus alumnos para
que sean capaces de sentir el dolor de los otros, para que sean sensibles y tengan
empatía.
-¿Qué pasa con los padres y las madres de
los menores acosados?
-Es más difícil que se den cuenta. Tal vez
se pueden percatar de que su hijo nunca recibe una llama de los amigos del
cole, de que el niño tiene miedo, de que el domingo por la noche o el lunes por
la mañana vomita, de que empieza a somatizar, de que se empieza a encontrar
francamente mal. Eso es propio de un chaval que, por alguna circunstancia
extraña, no quiere ir al colegio. Y luego pude pasar que, una vez denunciado
ante el profesor y el tutor, ante la dirección del centro, no pase nada y
lleven al caso a la Fiscalía a la vez que lo cambian de colegio y de ciudad. Y
es terrible que la víctima, al final, sea la que se tenga que ir. Es doblemente
víctima.
-¿Hay, entonces, un perfil claro de
víctimas y verdugos?
-Sí. Suele estar claro quién es el agresor,
aunque, en el caso de la víctima, los perfiles son más variados. Es acosado
porque le gusta tocar un instrumento musical en lugar de jugar al fútbol o
porque tiene una orientación sexual diferente. En el fondo, es distinto al
resto. En cambio, el agresor suele ser alguien que tiene problemas personales y
saca malas notas. Su única forma de darse a valer, ya que no es querido, es ser
respetado. Se hace respetar. Suelen ser fuertes y escogen como víctimas a
personas que, por sus características, saben que no les van a hacer frente, que
huyen de enfrentamientos, que no saben defenderse. Ahora bien: eso no le haces
culpables de ninguna manera.
-¿Qué hacer?
-A la víctimas hay que darles alguna
herramienta, alguna forma de salir adelante. Pero los adultos no alcanzamos a
captar todo el dolor que sufren. Es muy terrible para un chico o una chica ser
ridiculizado por sus iguales, por veinte como él.
-¿Qué acoso es el más frecuente?
-El emocional. Por ejemplo, vi un caso
terrible. Era una clase de niñas en la que el acoso era muy sencillo: no se
podía hablar con una de ellas. Y, cuando ella se dirigiese a cualquiera, había
que volver la cabeza y no hacerle caso. A esa edad es tremendo que nadie te
quiera hablar, sentir que todo el mundo te desprecia. Yo no sé si nos hacemos
del todo a la idea. En cuanto al acoso físico, también conlleva acoso
emocional.
-Y todo eso, amplificado por la potencia de
las redes sociales.
-Totalmente de acuerdo. Antes, se enteraban
doce. Ahora, se enteran 12.000 y, si quieres, eso queda colgado en internet
para el resto de su vida. El ataque a la intimidad y a la dignidad es
gravísimo. Hay que acotar los límites legales aún más y, sobre todo, los
compañeros se deben poner del lado de la víctima, porque, si no, vamos a tener
siempre una sociedad cobarde. Aunque, legalmente, es difícil perseguir al grupo
y las familias de los acosadores dudan y tienden a difuminar la responsabilidad
de sus hijos en ese grupo con un '¿cómo va a haber hecho mi hijo eso? Mi hijo
no. Fueron los otros'.
El acoso escolar o bullying está muy de moda en nuestros tiempos.Muchos de los jóvenes actuales sufren problemas emocionales,incluso hay personas que se suicidan,porque no soportan esa situación.
ResponderEliminarLa mejor forma de evitar que te sigan acosando en clase es, para mi,contárselo a los padres,amigos de confianza y profesores.
Yo creo que la mayoría de las víctimas,son personas tímidas,inseguras,que no se atreven a enfrentarse con el agresor.
Muchos padres deciden cambiar a sus hijos de escuela,pero yo pienso que es peor, porque los niños se imaginan que tienen que conocer a nuevos profesores,compañeros y entre sus compañeros puede haber otro que lo acose.