Hannu Arvio: «En Finlandia un niño pasa 12
horas sentado; aquí, 23»
Miércoles, 23 de enero del 2013
Pertenece
a la primera hornada de finlandeses salidos del sistema educativo que lleva
años secuestrando los primeros puestos del Informe PISA, que analiza el
rendimiento de los estudiantes en el mundo. Por su trabajo -es corresponsal de
Radio Nova, profesor de finés en el Club Escandinavo y distribuidor del
programa de idiomas online WordDive- vive en Barcelona y compensa las
carencias de nuestro sistema educativo a golpe de avión. Sus hijos de 7, 10 y
13 años están matriculados aquí y dos meses al año van a clase en la gélida
Oulainen, en el norte de Finlandia.
-Ustedes
no van al cole hasta los 7 años. ¿Qué hacen hasta esa edad?
-Yo
estaba en casa, sin mucho que hacer ni actividades programadas. Es una infancia
bastante anárquica.
-Aquí
a los 3 años ya vamos en fila.
-Un
niño de 3 años debería estar corriendo por el parque. Cuando mi hijo tenía 9,
conté (con los horarios en la mano) las horas que un niño de esa edad pasa
sentado en Finlandia y aquí: allí eran 12 horas y aquí, 23,5. Tras mi brevísimo
estudio concluí que quizá el fracaso escolar empieza con los niños que no
pueden pasar 23 horas a la semana sentados.
-¿Qué
recuerda de su escuela?
-El
patio. En invierno jugábamos al rey del montón, que consiste en subirse a un
montón de nieve y no dejar que los demás ocupen tu posición. La hora lectiva
son 45 minutos y después hay 15 de patio. Este descanso es vital para rendir
más y solo dejas de salir al patio si la temperatura baja de los 20 grados bajo
cero.
-Y
aquí nos quejamos porque los niños tienen demasiado recreo...
-Fliparían
viendo el poco tiempo que pasan en el aula en Finlandia.
-¿Usted
a qué edad aprendió a leer?
-A los
8 años, lo que aquí me convertiría en un fracasado. En Finlandia se respeta
mucho la edad del niño. Si esperas a que haya madurado para poder adquirir
ciertos conocimientos, todo funciona mucho mejor y ahorras tiempo y dinero.
-¿Podría
poner un ejemplo?
-Mi
hija de 10 años empezó a estudiar inglés en Oulainen el año pasado. En
Finlandia se empieza con el primer idioma extranjero a los 9 años y ella hacía
inglés desde P4. En cuatro meses, igualaron su nivel.
-Y sin
deberes maratonianos.
-Es un
disparate poner tantos deberes. Además, ¿es culpa de los niños si los padres no
pueden ayudarles?
-Entonces,
¿no se ha peleado nunca con sus hijos para que conjuguen el pretérito perfecto
de indicativo del verbo ser en catalán?
-Aquí
dan demasiada teoría. Para comunicarte necesitas palabras, no el libro verde
este que hay en todas las casas de Catalunya.
-¿El Xuriguera?
-Es
importante tenerlo, pero hay que saberlo usar, si no matas las ganas de
aprender. Es como el manual del lavavajillas: hay que usarlo en caso de duda,
no aprendérselo.
-¿Cuál
sería su escuela ideal?
-Lo
que yo busco para mis hijos es una escuela que les dé herramientas para seguir
aprendiendo más allá del aula, que les permita ser personas globales y
manejarse en varias culturas. Y me temo que esto no lo da la escuela de aquí.
-¿No
se rebelan sus hijos por tener que estudiar en los dos sistemas?
-Son
dos realidades distintas que asumen de forma natural. Aquí son como cualquier
otro niño: fueron a la guardería y empezaron la escuela a los 3 años. Este
sistema tiene cosas buenas: se socializa desde muy pequeños y se invierte en
valores, por eso la parte humana es muy fuerte. Un finlandés no es tan
adaptable socialmente como un español.
-Ajá,
una mancha en el expediente.
-No es un país
perfecto -tiene problemas de alcoholismo, de suicidios...- pero es muy
autocrítico. Si se detecta una ola de suicidios se monta una campaña estatal
para combatirlos y se rebajan a la mitad; aquí ni siquiera se consideraría
competencia de la Administración. En Finlandia eso de culpar al otro de los
problemas se dejó de hacer en los años 90, pero aquí siguen poniendo excusas y
eso impide evolucionar.
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